miércoles, 5 de febrero de 2014

"Para cumplir las promesas"

"Promesas y una Tarde sin Historia"




Cuando él se alejaba a lo lejos en aquel vehículo, el corazón a ella se le cerró en un puño, entendía perfectamente que solo una maravillosa casualidad del destino, le permitiría volver a estar en los brazos del hombre que hace segundos le había dicho adiós. Quizá para siempre.

Una oportunidad en un millón, una mísera esperanza, una ilusa estupidez, un error.

Cuando el viento matinal de junio, se llevó una a una sus lágrimas, comenzó a andar con pies de plomo, paso a paso forjando el camino a su casa, al que hace días atrás, había llamado con tanto cariño hogar, ahora todo le parecía catastróficamente extraño, ya no tenía hogar, ya no tenía adonde ir, aunque esa casa de paredes azules, podría albergarla, sintió tanto frío en el interior, que ni aun la más grande fogata, podría abrigarla, se sintió perdida, sola e inerte.

Mientras seguía caminando, y poco a poco los sollozos se convirtieron en suspiros lentos y aletargados, llego a la conclusión, que debía seguir manteniendo sus promesas. Tan intactas como el día en que las pronuncio en susurros cerca de los oídos del chico que  hace momentos le había dicho adiós.

Pensó en el sentimiento que él había sembrado en ella, como una pequeña semilla se había negado a germinar en su corazón y como él con paciencia, cariño y detalle, había hecho crecer en su corazón una hermosa primavera, que aunque él ya no estaba, podía seguir sintiendo las rosas alicaídas en lo profundo de su alma.

“Hasta el final” pronuncio más para ella, que para nadie. “Nunca soñé con quererte así” dijo y bajo la mirada consiente de que estaba hablando en voz alta y se  hundió en el rostro las gafas oscuras que llevaba puesta y trato de aligerar el paso, aunque era difícil, sentía todo el cuerpo pesado, como si le hubieran propinado una terrible paliza, lo cual no era cierto, sin embargo sabia porque tenía esa sensación.

Aquel día se la paso dando vueltas entre los parques, mirando al cielo, cuando no podía contener las lágrimas que venían sin previo aviso, tratando de contener solo en su memoria, fragmentos de recuerdos del pasado, que ahora parecían de siglos atrás, tan inalcanzables, fotografías viejas irrecuperables que por siempre solo le pertenecerían a ella.

No se tardó en llegar la noche, y a lo lejos pareció verlo venir, su corazón se sobresaltó, comenzó a jugar con los mechones de su cabello, enredándolos sobre sus dedos, “Seremos solo dos desconocidos más” le pareció oír que retumbaban sus palabras antes de que se marchara. “Así será” dijo ella esta vez y siguió jugando con su cabello entre los dedos.

Era él. Y no se dijeron nada.

Ella llego a su casa y solo ahí contra su almohada lloro, lloro por la injusticia de la vida, por las personas que le habían obligado a separarse de su amor, y por la cobardía tal vez de ambos. Lloro mientras se repetía que cumpliría su promesa.


Que siempre le amaría, y se durmió deseando que él también cumpliera su promesa.