miércoles, 7 de mayo de 2014

Condenada "Capítulo 02" ¿Quieres saber la verdad? Ven, tomemos un café.


“Condenada”


"Capítulo 02" ¿Quieres saber la verdad? Ven, tomemos un café.






Edgar Hinostroza



Es de noche cuando reposo mi cabeza en la almohada y cierro los ojos, lo único que veo es la mirada de Ana Vivaldi, y revivo lo sucedido esa mañana.

La estaba siguiendo a una distancia prudente, estaba seguro que ella no reparaba en mi presencia, sin embargo lo hizo, y me miro de frente, casi con cierta autoridad que no he visto en muchas personas.

- ¿Me estas siguiendo? – el timbre de su voz era igual al de su hermana, pero el de ella estaba más oxidado, no sé explicarlo correctamente con mis palabras, pero se sentía como si ella hablara a lo distante.

   - No precisamente – respondí – soy el detective Hinostroza, del departamento de Casos No Cerrados – ella entorno los ojos, como si estuviera esperando que fuera yo, y aunque esa idea juega con mi mente, casi quiero creer que vi un brillo en sus ojos marrones –

           -     ¿Qué es lo que quiere?

        -   Hablar con usted señora Vivaldi, sobre Cinthia Berrocal y lo sucedido aquel día de su desaparición.

          - Aristegui – dice ella, firmemente -  Señora Aristegui, por favor. Soy viuda - No me divorcie de mi difunto esposo, por lo que considero que mi apellido es Aristegui aún.

       -  Comprendo – digo - Me gustaría hacerle unas preguntas.


        - Estuve en prisión, me hicieron muchas preguntas, ahora estoy libre, no tengo por qué contestarle nada.

      - Lo sé,  sin embargo, hay detalles que no se han esclarecidos aun. Si no la incomodo en este momento, podríamos ir a la…

     -  ¡No! – su negativa es tan tajante, que los vellos de mis brazos se erizan – a la comisaria, no, no quiero… - su voz tiembla… - un café.

Antes de responder, por una alguna razón, trago saliva. Estoy nervioso, Ana Vivaldi irradia un aura negra, no es que yo crea mucho en cosas de auras y lo demás, pero hay algo que la envuelve, como un halo negro.




Mireya Vivaldi





La primera vez que vi a David Aristegui, él me beso, y yo le di un revés que le deje la cara marcada por todo un día, sino más.

Lo recuerdo perfectamente, fue hace 29 años. No más, no menos, en este entonces teníamos 16 años. La verdad es que Ana y yo, hemos sido muy buenas amigas durante toda nuestra niñez y adolescencia, tal vez no éramos tan intimas, pero si lo suficiente como para salvarnos el pellejo la una  a la otra en más de una ocasión.

Aquel verano, Ana desaprobó matemáticas en el fin de curso, mi padre la castigo con no dejarla vacacionar en la casa de mis tíos, que tenían una residencia en la playa. Yo amo el sol, la arena, nadar, así que aunque Ana se quedaría en casa a recibir clases de tutoría, con un chico universitario, que era el primo, del amigo del vecino de un compañero de trabajo de papá- no me hacía ilusión para nada, quedarme en casa  el verano solo para acompañar a Ana.

Iba a pasar dos meses de playa y sol, sino hubiera sido por aquel terremoto que sacudió al vecino país y trajo alerta de tsunami, y mis tíos, ya no me dejaban salir a la playa para nada, prácticamente estaba encerrada, así que decidí volver a casa, a pasar las últimas tres semanas de mis vacaciones ayudando a Ana en matemáticas o lo que sea, que más daba.

Así que esa tarde, llegue a casa sin dar aviso y es que tampoco había a quien avisar, papá pasaba todo el día en el trabajo y mi madre se fue con otro y nos dejó con papá, cuando teníamos cuatro años. Yo estaba buscando la llave, sabía que Ana siempre guardaba una debajo de las macetas, o debajo de algo que estuviera cerca de la puerta, yo había olvidado mi llave, mientras la buscaba, alguien me toco el hombro y cuando me voltee unos labios fueron a impactarse con los míos.

Así conocí a David, nada menos que así. A los pocos minutos Ana llego en bicicleta, y David estaba tan sonrojado que no pudo formular una disculpa formal, se trababa, sin dejar de decir “Dios Mío, son tan parecidas, no las puedo distinguir” luego de aquello, Ana me llevo al cuarto y me pidió que no dijera a papá que ella había empezado a salir con su tutor de matemáticas de 21 años de edad.

Fui cómplice de su romance, los dos años que siguieron, cuando Ana cumplió dieciocho, ella quería casarse, y David estaba más que contento. Mi padre objeto una que otra cosa, pero al fin y al cabo, poco le importamos, además estaba el hecho que el padre de David, era hermano de la chica con la que mi padre tenía aventura, así que, él decidió no decir nada y sonreír.

Y sonreímos mucho, ese día. Todo era perfecto, todo era color de rosa. Claro que Ana y yo, de vez en cuando intercambiábamos roles, tal vez esa fue la primera causa que motivo al karma, a que yo conozca esa noche de invierno  a Cinthia Berrocal, pero me estoy adelantando, no te estoy dando los detalles completos. Como decía, Ana y yo, de vez en cuando  nos hacíamos pasar la una por la otra, en el trabajo, en la universidad, en una reunión de amigos, en algún u otro cumpleaños, cosas menores, una vez estuve haciéndome pasar por Ana en su trabajo y llego David y me dio un beso, aunque quise abofetearlo otra vez, tuve que detenerme, estaba haciéndome pasar por Ana, y no creí que sería bueno darle un bofetón por besarme, a mi “supuesto esposo” con él que me había acabado de casar un mes atrás. Muy sospechoso, no dable de hacer en frente de 25 personas, en un supermercado. Quisiera decir que esa vez fue la última que David me beso, pero mentiría, pero estoy aquí para decir la verdad, toda la verdad, así que eso hare, no voy a mentir, David me beso otras veces más, pero en todas ellas, yo fingía ser Ana, una vez hizo algo más que un beso, pobre hombre, lo traumatice, esa vez lo noto, desde aquella vez, él siempre sospecho incluso de Ana. Claro que fue ella la que me lo dijo luego “David, me hace preguntas cada vez que estamos en la alcoba” como si no creyera que soy yo.

Pobre hombre, David era un buen tipo, un buen esposo, buen padre, buen cuñado, si  Cinthia Berrocal está muerta, se lo merece la muy maldita.






Ana Vivaldi




Ese detective, me recordó a David, no sé en qué pensé, tal vez fue la añoranza de mis pesadillas en la que siempre esta David, y en las que últimamente se me está escapando, ya no lo estoy soñando y eso me asusta, quiero tenerlo al menos en mis pesadillas. Ese hombre, tembló cuando me hablo, casi tartamudeaba, así que cuando él me dijo “¿Podemos volver a hablar otra vez? Tengo más preguntas que hacerte.”

Yo dije. “Está bien” sin importar que lo único que él quiere es la verdad. Já, la verdad, justo lo único que no estoy dispuesta a darle.
 
Durante veintisiete años he callado toda la verdad, una verdad que no me pertenece del todo, no sé si sea hora de sacarla a relucir. Me fueron arrebatados mi esposo y mi hija y a cambio tome el destino de la que me arrebato mi razón de vivir. Yo pienso que es un pago justo. Sin embargo sé que ese detective no me dejara tranquila, no por ahora, no cuando estúpidamente lo invite a salir.

Hace años que no me han besado, que ahora en la soledad de este cuarto de hotel, tengo que esforzarme por quitar de mi mente al detective Hinoztroza cubriéndome de besos.


Es de madrugada, Mireya debe haber llegado a casa, y al no encontrarme ahí, debe estar buscándome preocupada, no me importa, por este instante quiero que sufra ella un poco. Una justa retribución. Poco falta, lo sé, poco falta para que todo salga a la luz.





***


Nota de la autora: Gracias por estar pendientes de esta humilde historia. Les informo que ya hemos llegado a la mitad de la misma. En el próximo capítulo iremos todos a parar a los recuerdos de Mireya Vivaldi (será un capítulo del pasado) especialmente de ese negro día, donde sucedieron los hechos que tanto amargan la vida de Ana. Sin embargo lo haremos desde los ojos de Mireya, y no sé ustedes, pero siento que a ella, le falta uno que otro tornillo, en fin, tendrás ustedes que sacar sus propias conclusiones.

Próximo Capítulo: en cuanto se llegue a CINCO comentarios en esta entrada, y no Raquel, no puedes comentar dos veces en la misma entrada y contar eso como un comentario valido. (Jajaja, te quiero amiga)

Gracias a cada uno de los que comentan estas entradas esperando saber más, me emociona saber que les interesa lo que escribo. Thanks.





3 comentarios:

  1. Me encanta ya quiero descubrir los secretos, te haz puesto como yo, el misterio esta latente jejeje ,me gusta mucho... Ana atrae mi atencion, pero su hermana me atrae mas, eso que se hacian pasar la una por la otra, dice mucho pero a la vez aclara poco, yo digo que su gemela es la que tiene la culpa, y ella se culpo para salvar el pellejo de ella, bueno habra que averiguarlo

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  2. xD me encantó!!! ya quiero leer el próximo capitulo!!! Sigo pensando que mireya tiene la culpa u.U

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  3. Esta historia es una pasada!! Cada capitulo me deja con más intriga, y cada vez me
    sorprende más Mireya, la verdad como tú ya bien has dicho le falta un tornillo que otro, y
    eso hace al personaje tan interesante. Otra cosa que me sorprende es la atracción de
    Ana hacia el detective ._. eso no me lo esperaba... Tengo muchas ganas de leer el siguiente
    capitulo por lo que cuentas sobre el promete *---* Jajaja vale, lo pillo, solo un coment :C

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